Corresponsables ha publicado, dentro del dossier especial que dedica a la iniciativa EmancipaTIC, mi tribuna «El derecho a la no conexión digital», en la que reflexiono sobre los derechos digitales de las personas mayores y de quienes se han quedado al margen de la transformación digital.
El reverso del derecho a desconectar
Llevamos años defendiendo, con razón, el derecho a desconectar, a que nadie nos escriba por trabajo a las once de la noche. Pero ese derecho protege a quien ya está dentro. Su reverso ni siquiera tiene nombre: es el derecho de quien nunca entró en el mundo digital y al que, aun así, se le exige estar. Lo retrata muy bien la película El peor vecino del mundo, en la que Otto, el personaje de Tom Hanks, sale humillado de una ferretería porque el ordenador de la caja no admite corregir un cobro de más, y termina gritando «¡robot, robot, robot!» a una voz grabada cuando intenta dar de baja la luz por teléfono.
Incluir es respetar la autonomía
Incluir no es hacer los trámites por otra persona ni quedarse con sus claves para ayudarla, porque eso la deja sin lo único que está en juego, que es decidir. Las leyes lo intuyen a medias y en piezas sueltas, pero el principio que hay que defender es sencillo: no obligar a nadie a conectarse, sino que nadie quede fuera por no hacerlo.
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